Arsenal, la estación fantasma
Cerró en 1939, al empezar la Segunda Guerra, y nunca volvió a abrir. Desde la línea 5, entre Bastille y Quai de la Rapée, se ve el andén vacío.
Todas las joyas ocultas de Andén en un solo lugar. Elegí un tipo para ver, por ejemplo, todas las estaciones fantasma del mundo. 240 lugares, cada uno con su fuente y su ubicación.
Cerró en 1939, al empezar la Segunda Guerra, y nunca volvió a abrir. Desde la línea 5, entre Bastille y Quai de la Rapée, se ve el andén vacío.
El tren que rodeaba París dejó de llevar pasajeros en 1934. Algunos tramos se abrieron como paseos verdes sobre las vías.
Un anfiteatro romano del siglo I en pleno Barrio Latino, escondido detrás de los edificios. Los vecinos juegan a la petanca en la arena.
Un parque elevado sobre un viaducto de tren abandonado, abierto en 1993. Fue el que inspiró la High Line de Nueva York.
El andén de la línea 11 está forrado en cobre, con ojos de buey, como el interior del submarino de Julio Verne.
Una casa al fondo de un pasaje en el 9e, donde se juntaban Chopin y George Sand. Tiene un jardín con salón de té.
Un puñado de manzanas con edificios de cuento, mezcla de art nouveau, gótico y fantasía, diseñados por Gino Coppedè en los años 20.
Una iglesia del siglo XII construida sobre otra del siglo IV, construida a su vez sobre casas romanas y un templo a Mitra.
Por el ojo de la cerradura de un portón de la Orden de Malta se ve la cúpula de San Pedro enmarcada por un túnel de árboles.
Capillas decoradas con los huesos de miles de frailes, a pasos de la Via Veneto. Raro, sobrio y difícil de olvidar.
Una vieja usina eléctrica donde las estatuas romanas conviven con turbinas y calderas. Casi siempre está vacía.
Al lado de la Pirámide de Cestio, entre cipreses y gatos, están las tumbas de los poetas Keats y Shelley.
Cerró en 1994 y desde entonces aparece en películas y series. Muy de vez en cuando el Museo del Transporte organiza visitas.
Una iglesia bombardeada en 1941 de la que quedaron las paredes. Adentro creció un jardín entre los arcos góticos.
Un pequeño parque con placas de cerámica que recuerdan a personas comunes que murieron salvando a otras.
Por fuera, una casa de ladrillo en Kensington. Por dentro, un salón árabe de azulejos y una fuente dorada.
Un cementerio victoriano tomado por la hiedra, con catacumbas egipcias. Ahí está enterrado Karl Marx.
Donde se cruzan los canales, con barcos-casa de colores. Desde ahí se puede caminar o navegar el Regent’s Canal hasta Camden.
Una batería antiaérea de la Guerra Civil en lo alto de una colina. Hoy es el mirador de 360° preferido de los vecinos.
Una placita silenciosa del Gótico. Las marcas en la fachada de la iglesia son de un bombardeo de 1938 que mató a decenas de personas, muchos de ellos chicos.
Un hospital modernista de Domènech i Montaner que funcionó hasta 2009. Es patrimonio de la humanidad y mucha menos gente lo visita.
El jardín más antiguo de la ciudad, del siglo XVIII, con un laberinto de cipreses en el que de verdad te perdés.
La primera casa que diseñó Gaudí, llena de azulejos de flores. Recién se abrió al público en 2017.
Debajo de un viejo mercado de hierro aparecieron las calles y casas del barrio arrasado tras el sitio de 1714. Se ven desde arriba, gratis.
Cerró en 1966 y quedó tal cual: azulejos y publicidades de época. Hoy se visita gratis y desde la línea 1 se ve pasar el tren.
El jardín romántico que mandó hacer la duquesa de Osuna en el siglo XVIII, con laberinto y un búnker de la Guerra Civil.
Una ermita chiquita con la cúpula pintada por Goya en 1798. Goya está enterrado ahí mismo, debajo de sus frescos.
El palacio de un marqués coleccionista, conservado como si siguiera viviendo ahí. El salón de baile es impresionante.
La casa y el jardín donde vivió y pintó Joaquín Sorolla. Uno de los rincones más lindos de la ciudad.
Un parque con cientos de almendros que florecen entre febrero y marzo. Por unas semanas, Madrid parece Japón.
Un patio del siglo XIV escondido detrás de una puerta en pleno centro. Ahí está la casa de madera más vieja de la ciudad.
Una iglesia católica clandestina del siglo XVII armada en el altillo de una casa de comerciantes, cuando la misa pública estaba prohibida.
Un edificio de viviendas obreras con forma de barco, joya de la Escuela de Ámsterdam. Adentro funciona un museo.
Un astillero abandonado al norte del río, convertido en barrio de artistas. Se llega con el ferry gratis desde la estación central.
Una casa de canal que sigue como la dejó una familia rica, con jardín y cochera del siglo XVIII.
El canal de los cerveceros, con viejos almacenes y casas flotantes. Para muchos, el más lindo de la ciudad.
Fue una de las estaciones más grandes de Europa. Después de la guerra solo quedó un pedazo de la fachada, solo en medio de un parque.
Una colina hecha con los escombros de la guerra. Arriba quedan las cúpulas de una estación de espionaje estadounidense, hoy cubiertas de grafitis.
El aeropuerto del puente aéreo de 1948 cerró en 2008. Ahora la pista es un parque donde la gente anda en bici y vuela barriletes.
Una asociación que hace visitas a búnkeres, refugios antiaéreos y túneles debajo de la ciudad.
Un parque de diversiones de la Alemania del Este abandonado durante años, con una vuelta al mundo quieta en el bosque.
Un parque armado sobre un viejo nudo ferroviario, con vías oxidadas entre el pasto y trenes que pasan por arriba.
Un jardín barroco en terrazas escondido detrás de una puerta en Malá Strana, con vista a los techos rojos.
El jardín de este palacio, hoy sede del Senado, es gratis y tiene pavos reales y una pared de estalactitas falsas.
Tiene una de las bibliotecas barrocas más lindas del mundo, con techos pintados y globos terráqueos antiguos.
Una fortaleza sobre el río donde, según la leyenda, nació Praga. Tiene el cementerio de Dvořák y Mucha y casi no hay turistas.
Una torre de los años 80 con esculturas gigantes de bebés de David Černý trepando por los costados.
Una escultura de acero de once metros que gira por capas y arma la cara de Kafka cada tanto.
Dos pabellones art nouveau de Otto Wagner para el viejo tren urbano, de 1899. Uno es museo.
La "torre de los locos", uno de los primeros hospitales psiquiátricos del mundo (1784). Hoy guarda una colección de patología.
Tan grande que tiene su propia línea de colectivo. Ahí están Beethoven, Brahms, Schubert y Strauss.
Seis torres de hormigón de la Segunda Guerra siguen en pie porque demolerlas es casi imposible. Una es un acuario.
Un edificio de viviendas sin líneas rectas, con pisos ondulados y árboles creciendo en los balcones.
Una escalinata art nouveau de 1910 escondida en el barrio Alsergrund, con faroles y fuentes.
Una iglesia gótica que perdió el techo en el terremoto de 1755 y nunca se reconstruyó. Los arcos quedaron abiertos al cielo.
Una estación con fachada neomanuelina que parece un palacio. Los trenes salen de un túnel debajo de la ciudad.
Un acueducto del siglo XVIII que resistió el terremoto. Se puede caminar por arriba de sus arcos.
En un convento lejos del centro, cinco siglos de azulejos, incluido un panel de 23 metros con la Lisboa de antes del terremoto.
Una fábrica textil de 1846 debajo del puente 25 de Abril, convertida en librerías, talleres y restaurantes.
El mercado de pulgas de Lisboa, los martes y sábados, con antigüedades, azulejos sueltos y cachivaches.
Un pasillo elevado de casi un kilómetro que mandaron construir los Médici para cruzar la ciudad sin mezclarse con la gente. Pasa por arriba del Ponte Vecchio.
Pequeñas aberturas en las fachadas por donde los palacios vendían vino directo a la calle. Algunas volvieron a funcionar.
Una iglesia románica arriba del Piazzale Michelangelo. Al atardecer los monjes cantan en gregoriano.
Una de las farmacias más antiguas del mundo, fundada por frailes dominicos. Sigue vendiendo perfumes y elixires.
Un museo de zoología con figuras anatómicas de cera del siglo XVIII, tan detalladas como inquietantes.
La última iglesia de Brunelleschi, en una plaza de barrio del Oltrarno. Adentro hay un crucifijo de madera atribuido a Miguel Ángel joven.
Una escalera caracol de arcos escondida en un patio, a pasos de San Marcos. Se puede subir hasta arriba.
Una isla rodeada de muros que es entera un cementerio. Ahí están Stravinski y Ezra Pound.
Fue más poblada que Venecia. Hoy viven unas pocas personas y queda una catedral con mosaicos del siglo XII.
Los astilleros donde Venecia llegó a armar un barco por día. Sus puertas están custodiadas por leones de piedra.
El primer gueto del mundo, de 1516. La palabra viene de acá. Tiene edificios altísimos para la época y sinagogas escondidas.
Una librería donde los libros se guardan en bañeras y en una góndola, por si sube el agua.
Un funicular subterráneo de 1875, el segundo subte más antiguo del mundo después del de Londres. Hace un solo trayecto de 573 metros.
Una mezquita chica escondida arriba de los negocios del bazar de las especias, cubierta entera de azulejos de Iznik.
Tiene algunos de los mosaicos bizantinos mejor conservados del mundo, lejos de los circuitos de siempre.
El viejo barrio judío y griego sobre el Cuerno de Oro, con casas de madera pintadas y calles en subida.
Un archipiélago a una hora en ferry, sin autos, con casonas de madera del siglo XIX.
Una cisterna del siglo V abierta al público hace pocos años, mucho menos conocida que la Basílica.
Un barrio de casitas blancas en la ladera de la Acrópolis, levantado por albañiles de la isla de Anafi en el siglo XIX.
Al construir el metro aparecieron tumbas y cañerías antiguas. Quedaron expuestas en vitrinas dentro de la estación.
El cementerio de la Atenas clásica, con lápidas talladas y tortugas entre las ruinas. Casi siempre está vacío.
Un cerro con pinos frente a la Acrópolis, con la mejor vista del Partenón al atardecer.
Un cementerio con esculturas de mármol del siglo XIX, entre ellas la famosa Doncella dormida.
Las ruinas de una biblioteca del año 132, en plena plaza de Monastiraki, entre los puestos.
El metro más antiguo de Europa continental, de 1896. Sigue funcionando con estaciones de azulejos y madera.
Un tren por los bosques de Buda donde los boleteros y jefes de estación son chicos de 10 a 14 años, con un maquinista adulto.
Un hospital secreto armado en las cuevas debajo del castillo durante la Segunda Guerra, después búnker nuclear.
Las estatuas de Lenin, Marx y los héroes del comunismo que sacaron de las calles, juntas en un parque de las afueras.
Una iglesia excavada en la roca de la colina, sellada por los comunistas en 1951 y reabierta en 1989.
El primer "bar en ruinas": un edificio abandonado del barrio judío lleno de muebles rescatados.
La primera biblioteca pública de Irlanda, de 1707. Todavía tiene las jaulas donde encerraban a los lectores de libros valiosos.
En sus criptas hay momias de siglos atrás, conservadas naturalmente por el aire seco.
La historia de la ciudad del siglo XX en una casa georgiana, armada con objetos donados por los vecinos.
Un jardín victoriano escondido detrás de los edificios, con cascada, laberinto y casi nadie.
El cementerio de los héroes de la independencia, con torres de vigilancia contra los ladrones de cuerpos.
La cárcel donde fusilaron a los líderes del levantamiento de 1916. Hoy se visita con guía.
Un callejón del siglo XVII que quedó sepultado debajo de un edificio nuevo. Se recorre con guía, a la luz de linternas.
Un túnel de tren de 1847 debajo de la New Town, abandonado hace más de un siglo. Durante la guerra fue refugio antiaéreo.
Un pueblo de molineros junto al río, a diez minutos del centro, que parece del campo.
Un cementerio con jaulas de hierro contra los ladrones de cuerpos y la historia de Bobby, el perro fiel.
Museos de cirugía de los siglos XIX y XX, con instrumentos, frascos y la historia de Burke y Hare.
El río que cruza la ciudad tiene un sendero de árboles y puentes, con estatuas de Antony Gormley metidas en el agua.
Un palacio con patios de azulejos que mezcla mudéjar, gótico y renacimiento. Tiene la mitad de gente que el Alcázar.
El palacio de los duques de Alba, donde nació el poeta Antonio Machado. Tiene un patio con limonero.
Una residencia barroca para curas ancianos, con un patio hundido y pinturas de Velázquez y Murillo.
Debajo del mercado de Triana están las ruinas del castillo donde funcionó la Inquisición. Se visitan gratis.
Un edificio enorme del siglo XVIII donde trabajaban las cigarreras que inspiraron Carmen. Hoy es la universidad.
Una casa cuyo piso está cubierto de mosaicos romanos traídos de Itálica.
Entre la iglesia del Carmo y la de los Carmelitas hay una casa de un metro de ancho, construida para que las dos iglesias no compartieran pared.
Una capilla chica forrada por fuera con casi 16.000 azulejos azules y blancos.
Un parque con pavos reales y miradores sobre el Duero, muy cerca del centro.
El mercado histórico de la ciudad, de 1914, reabierto después de una restauración.
Donde el río se junta con el Atlántico, con faros y paseo marítimo. Se llega en el tranvía 1.
Un museo de arte contemporáneo con un parque enorme y una casa art déco rosada.
Un depósito de agua subterráneo del siglo XIX, debajo de un parque, usado como sala de exposiciones a oscuras.
Un cementerio que funciona como parque del barrio. Ahí están Andersen y Kierkegaard.
Un parque urbano con objetos traídos de más de cincuenta países, desde un letrero de Moscú hasta una fuente marroquí.
Una iglesia expresionista hecha con seis millones de ladrillos amarillos, en un barrio residencial.
Un invernadero de hierro y vidrio de 1874, con palmeras y una escalera caracol hasta el techo.
Hileras de casitas amarillas construidas en el siglo XVII para los marineros de la flota real.
Pasco Sur y Alberti Norte cerraron en 1953. Siguen ahí, a oscuras, y se ven desde la ventanilla si prestás atención entre Congreso y Plaza Miserere.
La manzana jesuítica más antigua de la ciudad, con túneles coloniales que todavía nadie sabe bien para qué se usaban.
Una galería de 1915 sobre la calle Florida donde vivió Antoine de Saint-Exupéry. Arriba de todo tiene un mirador poco conocido sobre el centro.
En el Pasaje San Lorenzo, una fachada de poco más de dos metros de ancho. Es la casa más angosta de Buenos Aires.
Un edificio de 1923 inspirado en la Divina Comedia, con un faro arriba de todo. Las visitas guiadas suben hasta la cúpula.
Una galería de principios del siglo XX, a una cuadra del Cabildo, con acceso directo al andén del subte. Se entra de casualidad.
La estación más linda del subte, con bóvedas de azulejos y claraboyas, cerró en 1945. Quedándote en el tren 6 cuando termina el recorrido, la ves al dar la vuelta.
Un monasterio medieval armado con piezas traídas de Europa, sobre el Hudson, en la punta norte de Manhattan. Es parte del Met.
Una plaza verde escondida en altura entre las torres del distrito financiero, con vista al East River. Se sube por una escalera mecánica.
Un parque de bolsillo en Midtown con una cascada de casi ocho metros que tapa el ruido de la ciudad.
Un teleférico que cruza el East River al lado del puente Queensboro, por el precio de un boleto de subte.
La casa más antigua de Manhattan, de 1765. Washington la usó como cuartel en 1776. Al lado está Sylvan Terrace, una calle de casitas de madera.
Una sala de lectura neomanuelina del siglo XIX con 350.000 libros hasta el techo, en una calle cualquiera del centro.
El bondinho amarillo sube desde el centro cruzando los Arcos de Lapa, un acueducto del siglo XVIII.
Una mansión con pileta en el patio, al pie del Corcovado y rodeada de selva. Hay un café adentro.
Un castillito verde en una isla de la bahía, escenario del último baile del Imperio en 1889.
Una roca donde llegaban los esclavizados y nació la samba carioca. Los lunes hay rodas de samba en la calle.
Una confitería de 1894 con espejos belgas y vitrales, como de otra época.
La oficina de correos de 1907, con escaleras de bronce, mármol y vitrales. Todavía se mandan cartas.
Un palacio del siglo XVIII cubierto entero de azulejos de Puebla. Adentro hay un restaurante con un mural de Orozco.
Una biblioteca con estanterías que parecen flotar y el esqueleto de una ballena colgando en el centro.
La casa del arquitecto, patrimonio de la humanidad: por fuera, una pared gris; por dentro, luz y color.
Una isla de los canales de Xochimilco con cientos de muñecas viejas colgadas de los árboles.
El cementerio más antiguo que queda en la ciudad, donde están Benito Juárez y otros héroes del siglo XIX.
En la calle Hatun Rumiyoc, una piedra de un muro inca tiene doce ángulos que encajan perfecto con sus vecinas.
Un santuario tallado en una roca, con canales en zigzag y una cámara subterránea.
Unos baños incas con fuentes que siguen corriendo después de quinientos años.
Un puesto de control inca de piedra rojiza, frente a Tambomachay.
El barrio de los artesanos, con calles empinadas, talleres y vista a los techos de tejas.
Unas terrazas circulares que bajan como un anfiteatro. Se cree que los incas las usaban para probar cultivos.
Las ruinas de unas piletas cubiertas de 1896 frente al Pacífico. Se incendiaron en 1966 y quedaron los cimientos.
Un órgano acústico hecho con tubos y lápidas de un cementerio demolido: suena con las olas.
Una escalera de 163 escalones cubierta de mosaicos por los vecinos, que forma un fondo marino hasta el cielo.
Una colección de cientos de máquinas de monedas antiguas que todavía funcionan, con entrada gratis.
Escaleras de madera que bajan de Telegraph Hill entre jardines, cabañas y loros salvajes.
Un callejón del Mission cubierto de murales desde los años 70.
Las vías elevadas de 1897 que rodean el centro. Los trenes pasan entre los edificios a la altura del segundo piso.
Más de ocho kilómetros de pasillos subterráneos y aéreos que conectan edificios del centro, pensados para el invierno.
La vieja biblioteca tiene la cúpula de vidrio Tiffany más grande del mundo. La entrada es gratis.
Uno de los invernaderos más grandes del país, con selva tropical en pleno invierno, gratis.
El cementerio de los arquitectos que inventaron la ciudad moderna, con tumbas de Louis Sullivan y Mies van der Rohe.
La casa de Frank Lloyd Wright que definió el estilo Prairie, de 1910.
Una estación monumental de 1897 que dejó de funcionar en 2003. El edificio sigue en pie, con su reloj y sus andenes vacíos.
La casa de un arquitecto alquimista sobre la rambla, llena de símbolos esotéricos, con la proa de un barco en la fachada.
Un cementerio de 1835 con esculturas de mármol y panteones de presidentes y artistas.
Un fuerte del siglo XIX en lo alto del cerro que le dio nombre a la ciudad, con vista a toda la bahía.
El barrio de los talleres ferroviarios ingleses, donde nació el club de fútbol. Quedan las casas obreras y las naves de los talleres.
Un palacio de mármoles uruguayos que se visita gratis, mucho más imponente por dentro de lo que se espera.
La estación de los trenes a Valparaíso, de 1912, con estructura de hierro traída de Bélgica. Cerró en 1987 y hoy es centro cultural.
Una mansión del siglo XIX con muebles y papeles pintados traídos de Europa. Tuvo el primer ascensor de Chile.
Una ciudad de mausoleos con presidentes, poetas y el memorial a los desaparecidos de la dictadura.
La casa que Pablo Neruda construyó para Matilde Urrutia, escondida al pie del cerro, con formas de barco.
Uno de los barrios más antiguos, con pasajes de fachadas continuas y almacenes de toda la vida.
Una colección de diez mil años de culturas americanas, en un edificio colonial del centro.
Una estación de ladrillo de 1912 que cerró en 1943. Hoy tiene cafés y una plataforma de vidrio entre las vías por donde siguen pasando los trenes.
Uno de los pocos barrios que sobrevivieron al terremoto de 1923 y a los bombardeos. Casas de madera, templos y gatos.
El templo donde, según la leyenda, nació el gato de la suerte. Hay miles de figuritas de maneki-neko.
Bajás una escalera al lado de un puente y aparecés en una quebrada con arroyo y bosque, adentro de la ciudad.
Un túnel de toriis rojos como el de Kioto, pero sin multitud. En abril y mayo florecen miles de azaleas.
Un jardín de paseo de la era Meiji, con un estanque que se cruza saltando de piedra en piedra.
Un mercado armado sobre las vías del tren. Cuando pasa, los puestos pliegan los toldos y vuelven a abrir apenas se va.
Una curva del río que quedó como pulmón verde frente a los rascacielos. Se recorre en bici por pasarelas en la selva.
Un templo sobre una colina artificial, al que se sube por una escalera en espiral entre campanas.
El gran parque del centro, donde viven varanos gigantes que nadan en los lagos entre la gente que corre.
Un templo con figuras de Beckham, Superman y personajes de historieta escondidas entre las tallas tradicionales.
Un elefante de tres cabezas de bronce, del tamaño de un edificio, con un museo adentro.
La estación art déco de 1932 desde donde salían los trenes a Malasia. Cerró en 2011 y las vías se volvieron un sendero verde.
El último kampong, un pueblo de casas de madera con techo de chapa, rodeado por los edificios de la ciudad.
Un parque de 1937 con más de mil estatuas de la mitología china, incluidos los diez infiernos.
Diez kilómetros de pasarelas por la copa de los árboles, con un puente ondulado de madera.
Una isla a diez minutos en bote donde Singapur se ve como era en los años 60.
El barrio malayo y árabe alrededor de la mezquita del Sultán, con callejones de murales.
Un templo en la montaña con 1200 estatuas de piedra talladas por fieles, cada una con una cara distinta.
Un templo chico con un jardín de musgo bajo los arces, donde se refugió una bailarina del siglo XII.
Un templo en el bosque de cedros del norte. Desde acá se camina por la montaña hasta Kibune.
Una escalera de faroles rojos sube al santuario del dios del agua, en un valle fresco.
Un complejo de templos zen con algunos de los jardines secos más lindos de Japón.
Un sendero junto a un canal con cerezos, que conecta templos del este de la ciudad.
Casas de coral y yeso con torres de viento, el aire acondicionado de antes del petróleo.
El barrio donde vivió la familia gobernante, junto al arroyo, con la casa del jeque Saeed.
Un museo con forma de manuscrito en el lugar donde se firmó la unión de los Emiratos en 1971.
Una reserva de manglares donde viven flamencos rosados con los rascacielos de fondo.
Un mercado cubierto con cientos de joyerías y toneladas de oro en las vidrieras.
Un pueblo de montaña en el interior, con una represa verde esmeralda y kayaks.
Una vieja vía de tren soterrada se volvió un parque lineal con árboles, cafés y tramos de rieles.
Una autopista elevada de 1970 convertida en jardín: 24.000 plantas a 17 metros del piso.
Una planta potabilizadora en una isla del río Han, convertida en jardines entre los tanques de hormigón.
Un barrio en la ladera del monte Naksan, con murales y escaleras pintadas.
Uno de los mercados más antiguos, de 1905, famoso por los panqueques de poroto y el kimbap.
El santuario de los reyes Joseon, con uno de los edificios de madera más largos de Asia. Casi siempre en silencio.
Donde estuvo la ciudad amurallada de Kowloon, el lugar más densamente poblado del mundo, demolida en 1994. Quedan restos de los muros.
El "edificio monstruo": bloques de viviendas apiladas en forma de E alrededor de un patio, famosos por las películas.
Un complejo de viviendas públicas de 1964 pintado con los colores del arcoíris, con canchas de básquet en la terraza.
Un pueblo de pescadores con casas de madera sobre pilotes, en la costa oeste de Lantau.
Un jardín de la dinastía Tang con pabellón dorado, rodeado de torres residenciales.
El barrio obrero de los mercados de electrónica usada, telas y comida barata.
Desde 1806, un cañón dispara desde Signal Hill todos los días a las 12 en punto, salvo domingos y feriados.
La memoria de un barrio entero demolido por el apartheid, con los nombres de las calles que ya no existen.
La construcción más antigua del país, un fuerte holandés en forma de estrella de 1666.
Un puerto de pescadores con anticuarios y cafés. Se llega en un tren que va pegado al mar.
Una ruta de nueve kilómetros tallada en el acantilado, con 114 curvas sobre el Atlántico.
Una playa entre rocas gigantes donde vive una colonia de pingüinos africanos.
Un riad escondido en la medina con miles de fotos antiguas de Marruecos y una terraza con vista a los techos.
Las ruinas de un palacio del siglo XVI que fue desarmado para construir otro. Hoy viven cigüeñas en sus muros.
El antiguo barrio judío, con sinagogas, balcones de madera y un cementerio blanco.
Un estanque con olivares y un pabellón, con el Atlas nevado de fondo en invierno.
Un palacio con un museo de alfombras y artes del Marruecos rural.
Huertos de naranjos y granados del siglo XII, regados con el mismo sistema de canales.
Una casa otomana del siglo XVII con patio, fuente y ventanas de celosía de madera para mirar sin ser vista.
Una necrópolis de varios kilómetros donde miles de personas viven entre los mausoleos de los sultanes mamelucos.
Dos casas del siglo XVI pegadas a una mezquita, llenas de muebles y objetos. Aparece en una película de James Bond.
El palacio de un príncipe en una isla del Nilo, que mezcla estilos otomano, persa y morisco.
Un parque construido sobre un basural de 500 años, con vista a los minaretes del Cairo islámico.
Una iglesia copta construida sobre la puerta de una fortaleza romana, en el viejo barrio cristiano.
Debajo de esta estación de 1926 hay túneles para una línea que nunca se terminó. En la guerra fueron refugio antiaéreo.
Fue cárcel de convictos y astillero. Se llega en ferry y hasta se puede acampar.
En North Head, el lugar donde se aislaba a los pasajeros de barcos con epidemias desde 1828. Quedan cientos de inscripciones talladas por ellos en las rocas.
Una pileta de agua de mar de 1907 entre las rocas de Coogee, con terraza de madera.
Un depósito de agua de 1866 que se derrumbó y se convirtió en jardín hundido entre arcos de ladrillo.
Un banco tallado en la roca en 1810 para la esposa del gobernador. Es el mejor punto para ver la ópera y el puente juntos.