Coulée verte René-Dumont
Un parque elevado sobre un viaducto de tren abandonado, abierto en 1993. Fue el que inspiró la High Line de Nueva York.
Las mejores vistas de cada ciudad, lejos de las filas. 36 lugares, cada uno con su fuente y su ubicación.
Un parque elevado sobre un viaducto de tren abandonado, abierto en 1993. Fue el que inspiró la High Line de Nueva York.
Por el ojo de la cerradura de un portón de la Orden de Malta se ve la cúpula de San Pedro enmarcada por un túnel de árboles.
Donde se cruzan los canales, con barcos-casa de colores. Desde ahí se puede caminar o navegar el Regent’s Canal hasta Camden.
Una batería antiaérea de la Guerra Civil en lo alto de una colina. Hoy es el mirador de 360° preferido de los vecinos.
La casa y el jardín donde vivió y pintó Joaquín Sorolla. Uno de los rincones más lindos de la ciudad.
El canal de los cerveceros, con viejos almacenes y casas flotantes. Para muchos, el más lindo de la ciudad.
Una fortaleza sobre el río donde, según la leyenda, nació Praga. Tiene el cementerio de Dvořák y Mucha y casi no hay turistas.
Un acueducto del siglo XVIII que resistió el terremoto. Se puede caminar por arriba de sus arcos.
Una iglesia románica arriba del Piazzale Michelangelo. Al atardecer los monjes cantan en gregoriano.
Un archipiélago a una hora en ferry, sin autos, con casonas de madera del siglo XIX.
Un cerro con pinos frente a la Acrópolis, con la mejor vista del Partenón al atardecer.
El río que cruza la ciudad tiene un sendero de árboles y puentes, con estatuas de Antony Gormley metidas en el agua.
Un parque con pavos reales y miradores sobre el Duero, muy cerca del centro.
Donde el río se junta con el Atlántico, con faros y paseo marítimo. Se llega en el tranvía 1.
Una galería de 1915 sobre la calle Florida donde vivió Antoine de Saint-Exupéry. Arriba de todo tiene un mirador poco conocido sobre el centro.
Un edificio de 1923 inspirado en la Divina Comedia, con un faro arriba de todo. Las visitas guiadas suben hasta la cúpula.
Un monasterio medieval armado con piezas traídas de Europa, sobre el Hudson, en la punta norte de Manhattan. Es parte del Met.
Un teleférico que cruza el East River al lado del puente Queensboro, por el precio de un boleto de subte.
Una biblioteca con estanterías que parecen flotar y el esqueleto de una ballena colgando en el centro.
El barrio de los artesanos, con calles empinadas, talleres y vista a los techos de tejas.
Un callejón del Mission cubierto de murales desde los años 70.
Un fuerte del siglo XIX en lo alto del cerro que le dio nombre a la ciudad, con vista a toda la bahía.
Un jardín de paseo de la era Meiji, con un estanque que se cruza saltando de piedra en piedra.
Un templo sobre una colina artificial, al que se sube por una escalera en espiral entre campanas.
Diez kilómetros de pasarelas por la copa de los árboles, con un puente ondulado de madera.
Un templo en el bosque de cedros del norte. Desde acá se camina por la montaña hasta Kibune.
Un sendero junto a un canal con cerezos, que conecta templos del este de la ciudad.
Una reserva de manglares donde viven flamencos rosados con los rascacielos de fondo.
Un pueblo de montaña en el interior, con una represa verde esmeralda y kayaks.
Un barrio en la ladera del monte Naksan, con murales y escaleras pintadas.
Un complejo de viviendas públicas de 1964 pintado con los colores del arcoíris, con canchas de básquet en la terraza.
Una ruta de nueve kilómetros tallada en el acantilado, con 114 curvas sobre el Atlántico.
Un estanque con olivares y un pabellón, con el Atlas nevado de fondo en invierno.
Un parque construido sobre un basural de 500 años, con vista a los minaretes del Cairo islámico.
Una pileta de agua de mar de 1907 entre las rocas de Coogee, con terraza de madera.
Un banco tallado en la roca en 1810 para la esposa del gobernador. Es el mejor punto para ver la ópera y el puente juntos.